Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

¿Cómo reaccionamos ante las adversidades?

Por Leonardo Melo
Presbítero del Templo Central y presbítero responsable de la congregación de José María Caro

"Luego se fue Daniel a su casa e hizo saber lo que había a Ananías, Misael y Azarías, sus compañeros, para que pidiesen misericordias del Dios del cielo sobre este misterio, a fin de que Daniel y sus compañeros no pereciesen con los otros sabios de Babilonia. Entonces el secreto fue revelado a Daniel en visión de noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo". Daniel 2:17-19 RVR1960.

Daniel se enfrentó con determinación a la primera tentación que tuvo que enfrentar a su corta edad: no contaminarse con los banquetes que ofrecía Nabucodonosor, el rey de Babilonia (Daniel 1:8). Venció y Dios le respaldó (Daniel 1:17-20).

Como ocurre en el cotidiano andar cristiano, las pruebas o dificultades siempre estarán. Daniel fue puesto a prueba una vez más, pero las consecuencias no solo le afectarán a él y a sus amigos, sino que a todos los que tenían una responsabilidad directa en dar solución al absurdo dilema que el rey planteó: adivinar e interpretar el significado de un sueño que él no ha había dado a conocer. Ante esta amenaza, Daniel tomó acciones específicas frente a la adversidad: compartió su aflicción con sus amigos, oró a Dios y como consecuencia permitió salvar su propia vida y la de los que tenían responsabilidad en este asunto.

Hoy en día, vivimos en un mundo tan convulsionado que es muy difícil actuar como Daniel lo hizo, en todo sentido. Nos cuesta acudir a otros para "abrir nuestro corazón", nos cuesta "echar nuestra ansiedad sobre Dios" y como una triste consecuencia, no podemos disfrutar de las victorias que Dios tiene preparados para nosotros.

Si nuestra forma de vida fuera como la de Daniel, ¡qué distinta sería! No sólo al experimentar victorias personales, sino que además al mostrar nuestra fragilidad a otros, al pedir ayuda, solicitar contención, estamos haciendo algo mucho mayor que centrarnos en nosotros mismos. Estamos permitiendo que el otro empatice junto a nosotros y haga suya la victoria que Dios tiene para uno.

En esto creo que el ejemplo de Daniel es de plena vigencia hoy en día: que nuestras contradicciones y aflicciones sean conocidas por quienes estimamos, a quienes elijamos, que encontremos ese apoyo en amigos o hermanos y que juntos dependamos de Dios en Su respuesta, lo que traerá un efecto inimaginable en otros: aliento, fe, sanidad y vida.

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