Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

Luego de 56 años de ministerio partió a la presencia del Señor el pastor Arturo Huinca Núñez

Por Hermógenes Carril Torres

"Tiene dos minutos para aceptar al Señor y pasar aquí adelante". Esta era la invitación, que en sus años mozos, hacía con autoridad, el pastor Arturo Huinca Núñez al culminar su predicación evangelística. Aunque no era tan alto, su fuerte voz de tonos graves provocaba estremecimiento en quienes estaban en el culto y no conocían al Señor.

El pasado jueves 25 de abril, a las 20.45 horas, nuestro hermano en Cristo, partió a la presencia del Señor producto de una insuficiencia renal. Ahora está descansando junto a su amada esposa Edith, que en 2017 también partió a la presencia de Dios.

Pastor Arturo Huinca Núñez (Q.E.P.D.). Tomado de FaceBook.

Varios pastores de la Asamblea de Dios Autónoma del país participaron de los dos servicios fúnebres que hubo el viernes 26 y la despedida final que se realizó el sábado 27 pasado al mediodía, en el templo de calle Videla 401, adonde llegó a pastorear la iglesia en 1976.

Se hicieron presente Patricio Orellana (Talca), Daniel Torres (Coquimbo, Sindempart), Alejandro Huerta (Maipú), Williams Verdejo (San Nicolás Balmaceda), Alberto Alvarado (San Carlos), Aldo Marconi (San Nicolás Renuevo), Jenaro Bahamondes (Osorno Centro), Hermes de la Hoz (Chillán), Daniel Riveros (Villa Dulce, Viña del Mar) y José Luis Alvarado (Coquimbo Parte Alta).

El servicio sabatino fue dirigido por la familia, que tuvo protagonismo y en él hubo también pastores en representación de los Consejos de Pastores de Coquimbo y La Serena. Asimismo, se recibieron condolencias del representante protocolar de la iglesia evangélica, el obispo Jorge Méndez Jara, quien lo conoció por haber pertenecido a la iglesia Asamblea de Dios Autónoma de Santiago en la década del 70.

Cerca de las 15.00 horas, el féretro fue llevado hasta el Cementerio Parque de Coquimbo, La Cantera.

AFABLE, PERO ESTRICTO


Conversamos con el pastor de Villa Dulce, en Viña del Mar, Daniel Riveros Quilodrán, para indagar en aquellos aspectos poco conocidos de nuestro hermano Alberto Arturo Huinca Núñez.

Daniel Riveros Quilodrán.

Parte contándonos que nació el 6 de junio de 1944, en Osorno, o sea, estaba a punto de cumplir 75 años. Allí estudió y egresó de la Escuela Industrial como tornero mecánico, aunque nunca ejerció.

"Arturo pertenecía a la iglesia de Osorno, y sus primeros pasos fueron obviamente en la iglesia local, acompañando al misionero Julio Svensson en su visita a los campos. En esta labor dependían de la buena voluntad de los camioneros, quienes les transportaban hasta donde había caminos y el resto del camino había que hacerlo de a pie", agrega.

"A los 18 años, y en respuesta al llamado del Señor al ministerio cristiano, Arturo salió a su primer campo, Villarrica, y este año iba a cumplir 56 años de ministerio. Su equipaje fue una maleta de mimbre y un catre de campaña. Respecto de su preparación, estamos hablando de una época en que aparte de las célebres "Semanas Lautarinas", donde los misioneros y los primeros obreros se reunían para unos días de estudio bíblico, la otra alternativa eran las Escuelas Bíblicas en Chillán. Al igual que lo realizado en Lautaro, en su inicio eran jornadas de una semana de duración", añade el pastor Riveros.

El hermano Arturo junto a su esposa Edith Buchhorst, en diversos momentos de su vida. La hermana Edith había partido a la presencia del Señor el 23 de agosto de 2017.

Acerca de los lugares que pastoreó el hermano Huinca, apunta que estos fueron tres: Villarrica, Puerto Montt y Coquimbo. Puntualiza que "desde sus inicios se destacó como evangelista. Era un predicador con gran pasión por la predicación del evangelio, lo cual hacía con gran vehemencia, no sólo en las iglesias hermanas, sino también en las diferentes congregaciones del país".

Agrega que "fue esta misma pasión que lo llevó a apoyar a muchos que posteriormente ingresaron al ministerio como Jenaro Bahamondes, Herman Carlos Pinol, Roberto Romero, Alberto Alvarado y José Luis Alvarado, entre otros".

-¿En qué lugares abrió obra?
-Su primera iglesia fue Villarrica, luego vendrían Los Muermos, Punta Arenas, Iquique, Antofagasta, Copiapó, Ovalle, La Serena y Carelmapu.

-¿Cree que ya sentía haber cumplido con su ministerio?
-Una de sus visiones, y que no dudaba en compartir con los pastores en retiros y conferencias, fue Vallenar, sueño que no logró realizar. Pero, sin lugar a duda, en las últimas semanas había llegado al convencimiento que su tarea había sido completada y estaba cercano el tiempo de su partida, ante lo cual hizo los últimos preparativos.

Acerca de los servicios fúnebres en el templo de calle Videla 401, recinto que se hizo estrecho para recibir a quienes querían estar presentes en la despedida al hermano Arturo, el pastor Riveros nos relata que "en medio de un ambiente de profunda paz y confianza en el Señor, presente en sus hijas Pamela y Guísela, sus yernos Fernando y Luis, sus nietos y toda la congregación, cada uno de los servicios destacó la vida de servicio, devoción y fe de Arturo. Como Arturo lo hubiera hecho, pues aprovechaba cada oportunidad para ello, Pamela Huinca entregó el viernes en la noche un breve sermón evangelístico".

Sobre la ceremonia en el cementerio, nos cuenta que "Jorge Huinca, hermano menor de Arturo, llegó desde el sur del país y presentó las condolencias a nombre de la numerosa familia, en tanto, el pastor Hermes de la Hoz, de la iglesia en Chillán, con una breve reflexión despidió a este querido consiervo". Respecto de su amistad con el pastor Huinca, el hermano Daniel Riveros señala: "Rescato su autenticidad, su entrega y pasión en lo que hacía. Era un hombre de intensa oración. Era extraordinariamente afable y generoso, pero con esa misma entrega no dudaba en dar la corrección".

ARTURO, EN PRIMERA PERSONA

Otro de los testimonios recogidos es el del pastor de Osorno Centro, Jenaro Bahamondes Urrutia, quien escribe sobre las experiencias que tuvo con nuestro hermano Arturo.

Jenaro Bahamondes Urrutia.

"Hablar de Arturo Huinca es referirme a gran parte de mi propia vida. Fue en Villarrica, mi pueblo natal, donde él y su esposa me conocieron, en el año 1966. Yo tenía sólo 16 años, ellos estaban recién casados y llegaron a vivir frente a mi casa.

Edith me contaba que al verme pasar por frente de su casa le pedía al Señor que yo fuera salvo; sus palabras las recuerdo muy bien: 'Danos a ese joven Señor'. Y ese joven un día llegó a su casa de una manera accidental, donde me atendió ella y luego al despedirnos me hizo la invitación a participar en sus cultos. En esa época, yo era muy apegado a la Iglesia Católica y asistía todos los domingos a la misa.

Histórica fotografía de nuestros hermanos Arturo y Edith junto a sus hijas Guisela y Pamela.
En los últimos meses, el pastor Huinca aparece rodeado de su familia más cercana. A la izquierda, su hija Guisela, junto a su esposo, y a la derecha, su hija Pamela junto a su marido.

Éramos tan católicos, que en mi casa celebrábamos la 'Novena de la Virgen del Carmen'. ¿Qué significaba eso? Que todos los años en el mes de julio teníamos nueve días consecutivos de un tiempo donde rezábamos el rosario y cantábamos a la Virgen. El último día mi madre salía de rodillas llevando en sus brazos una imagen de la Virgen y nosotros los hijos y otras personas íbamos detrás con velas encendidas y cantando. En esas procesiones, vi a mi madre con sus rodillas ensangrentadas, pero ella, y mis hermanos, exceptuando uno, todos han conocido al Señor. Edith me contaba que ella, por la reja del vecino, miraba toda esta procesión y volvía a pedir por nosotros.

Un domingo, llegué a su culto. Todo era tan sencillo por no decir pobre. Había una pequeña salita, unas cuantas bancas sin respaldo y púlpito y unas pocas personas que se reunían: los suegros de Arturo, una sobrina, un par de vecinos y ellos dos.

¿Qué fue lo que me cautivó? Acostumbrado a escuchar todos los domingos la homilía del cura, me impresionó la amabilidad con la que me recibieron y el fervor con el cual el pastor Arturo Huinca esa noche predicó. Había una gran diferencia entre su homilía y la del sacerdote. Al siguiente domingo, volví a ir y esa noche fue que tuve mi encuentro personal con Jesucristo, en la Asamblea de Dios Autónoma, iglesia de donde nunca he salido de ella.

Dije que hablar de Arturo era como hablar de mi propia vida. No sé qué recibió Arturo de parte del Señor, pero ese mismo año, a unos meses de mi conversión me envió a la Escuela Bíblica que se realizaba en esos años en Chillán. Me dio una carta para que la entregara al misionero sueco Carlos Hagwall, me dejó en el tren y después de varias horas de viaje al amanecer me encontré en Chillán. Participé de esa Escuela Bíblica y allí en una sala del templo de calle Rosas, el Señor me bautizó con el Espíritu Santo. Yo no tenía ni idea de qué era eso, pero estuve hablando en un idioma desconocido todo el día, perdí el español y entre asustado y lleno de la presencia de Dios pasó ese día y le escribo una carta a mi pastor contándole mi experiencia. Él me respondió: 'Te felicito, pero este es sólo el comienzo, con Dios vas a experimentar muchas otras cosas'.

El hermano Arturo Huinca ejerciendo su ministerio pastoral.

Volví a Villarrica totalmente cambiado, decidido a acompañarle a ganar a otros para Cristo. En enero del año siguiente, es decir de 1967, me bauticé en las aguas del lago Villarrica. Eso no lo entiendo hasta hoy, ¿cómo pudo enviarme a la Escuela Bíblica donde habían personas de más edad, ya experimentadas, sin que yo ni siquiera había sido bautizado? Fue mi maestro durante esos años.

Pamela Huinca entregó un breve sermón evangelístico el viernes en la noche.

Luego, ellos se trasladaron a Puerto Montt y mantuvimos contacto por cartas que ese tiempo demoraban semanas en llegar. Le visité en Puerto Montt, hablamos de mi llamado al ministerio y pronto, yo salí de mi casa, sin más que con un bolso donde llevaba mi ropa y dinero que me alcanzaba para el pasaje a Puerto Montt. Allí estuve un breve tiempo en su casa y luego me fue a dejar a Los Muermos para que iniciara una nueva obra en ese lugar. No había sostenimiento económico, porque la iglesia en Puerto Montt, apenas le sostenía precariamente a él. La cosa era por fe. A esta altura hay que obviar muchas cosas. Vivir por fe era vivir sin respaldo económico hasta que hubo una congregación que pudo respaldarme con un pequeño salario.

Un día Arturo me dijo: 'Tenemos que consagrarte al ministerio, pero no como evangelista', como en ese tiempo llamaban a quienes recién se iniciaban en la obra. 'Tú eres un pastor, por tanto, te vamos a apartar como presbítero', dijo. Yo tenía 21 años de edad.

De izquierda a derecha: pastores José Luis Alvarado, Alberto Alvarado y Hermes de la Hoz.
De izquierda a derecha: pastores Williams Verdejo, Aldo Mraconi, Alejandro Huerta, Jenaro Bajamondes y Daniel Riveros.

Al trabajar con Arturo, supe de su amor por Cristo y su obra. Aprendí lo que es una vida de oración. Me decía: 'El predicador tiene que ser un hombre de oración'. Aprendí lo que era tener un padre, ya que mi padre biológico era muy disfuncional. Aprendí lo que es una vida de fe, creerle a Dios a pesar de las adversidades. Vi en muchas oportunidades el respaldo de Dios suponiendo mis necesidades materiales o económicas de una manera milagrosa, lo que sería muy largo de contar. Aprendí la disciplina que demanda ser un estudiante autodidacto.

Basta decir que Arturo Huinca Núñez marcó no sólo mi vida, sino la de muchos jóvenes de esa época. Tal vez nunca se imaginó que al sembrar en mí tiempo y dedicación, estaría invirtiendo en un jovencito que después de los años ha tenido un ministerio que lo hacía 'sentirse orgulloso'.

Para quienes leen este texto, una reflexión final: los discípulos deben llegar más allá de lo que llegó su maestro; y no necesariamente el líder verá lo que él comenzó, es posible que nuestros sueños y visiones sean alcanzadas por las próximas generaciones".


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Con motivo de los 25 años de la iglesia en Osorno, en la desaparecida revista de nuestra iglesia "El Clamor" de enero - febrero de 1973, N° 164, el pastor Huinca escribió parte de su testimonio, el cual transcribimos en su totalidad.

Osorno - Villarrica - P. Montt

"Cuando tenía seis años de edad fuimos a arrendar casa en un barrio de Osorno, llamado Ovejería. Cerca de la casa había un local evangélico. Un niño vecino de mi edad, me invitó a ir con él a la Escuela Dominical. Acepté la invitación, pero el primer domingo no entré en el local. El segundo domingo que fui entré, y lo que me impresionó mucho, y lo que me llevó a seguir asistiendo fue que sentí cómo todos me amaron con un inmenso amor. Me parecía que por mucho tiempo les había conocido a todos…

Es el hermano Arturo Huinca Núñez, pastor de la Asamblea de Dios de Puerto Montt que relata su primera impresión del evangelio. De lo que cuenta queda en claro la importancia que tiene el que las visitas sean bien recibidas, y que sientan el calor de una verdadera amistad cuando por primera vez entran en un templo o local de predicación.

Arturo no puede decir ninguna fecha precisa en que fue salvado, pero revela algo interesante:

-Creo que el Señor, cuando necesita a alguien, lo prepara desde el comienzo de su vida. Recuerdo que a la edad de nueve años estaba orando en mi casa porque me gustaba siempre orar, y a esa edad fui bautizado en el Espíritu Santo, en mi casa. Después pasaron varios años, y recién a la edad de quince años fui bautizado en agua y llegué a ser miembro en la iglesia.

Testimonio del pastor Arturo Huinca publicado hace 46 años en nuestra desaparecida revista "El Clamor".

Año a año se celebraban Escuelas Bíblicas en Chillán, y el año 1963 hubo una afluencia de material excepcionalmente bueno en lo estudiantil. Entre los que vinieron a estudiar la Biblia durante algunas semanas estaba Arturo Huinca. Tenía entonces alrededor de 18 años.

-Allí sentí algo especial que nunca antes había experimentado- cuenta Arturo. En una conversación alrededor de la mesa se mencionó que una familia de Chillán se había trasladado a Villarrica, y que esos hermanos estaban deseosos de que se 'abriera obra' de la Asamblea de Dios en esa ciudad. Escuché esa conversación y sin que conociera ni Villarrica, ni la familia mencionada empezó en mi interior una lucha sobre esa situación. Me decía una voz en mi conciencia y corazón: ¡Tienes que ir a Villarrica! ¡Tienes que ir a Villarrica! Continuó esto hasta que, no midiendo ninguna consecuencia, dije: ¡Yo iré!

El hermano Arturo Huinca luego llegó a su primer campo de acción. Lo visitábamos de vez en cuando. Notábamos con qué dedicación se daba de lleno al trabajo, allí formó hogar, casándose con la hija de la familia que había venido desde Chillán, la hermana Edith Buchhorst.

Después de cuatro años de trabajo en Villarrica recibió la invitación de la iglesia Asamblea de Dios de Puerto Montt para ser pastor. Sintió que esto era de Dios y allí ha estado, en medio de la lucha por el evangelio, durante cinco años.

Lo que se ha querido destacar en este espacio es lo importante de no despreciar a ninguno de los pequeños que tenemos en nuestras Escuelas Dominicales. Tal vez haya entre ellos más de uno que, así como Arturo, irán a sembrar la preciosa semilla del evangelio. No hace mucho era él un niñito de seis años que tuvo su primer contacto con una Escuela Dominical en un barrio osornino; recién era un joven que valientemente se lanzó a la obra; hoy es un pastor y dedicado siervo del Señor que merece mayor respeto".

NOTA DEL EDITOR: Durante varios años, en los comienzos de los años 80, el pastor Arturo Huinca estuvo colaborando con mensajes de cinco minutos para los programas radiales producidos por Ibra-Radio, tanto de Noruega como de Suecia. Cada cierto tiempo viajaba a Santiago para grabarlos y siempre se notó su deseo de llegar a los auditores con la Palabra de Dios, no solamente en alguna reunión en su iglesia y en las que visitaba, sino también a través de las ondas radiales. Entendía que aunque no viera el rostro de sus auditores, había que sembrar, sembrar y sembrar las buenas nuevas. Esta es una fotografía lograda en una de esas sesiones, en los estudios de Ibra-Radio Chile que estuvieron en dependencias del Templo Matta en Santiago.

Publicado el 14 de mayo de 2019.