Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

EL VIENTO DEL ESPÍRITU SANTO

(Estudio bíblico reproducido de la desaparecida revista de nuestra iglesia "El Clamor". N° 161, octubre de 1972, año 20)

Durante una visita que realizó en agosto de 1972 con motivo de la inauguración del Templo Matta, el pastor Sven O. Svensson dirigió dos estudios bíblicos sobre el Espíritu Santo, el primero bajo el símbolo del viento y el segundo del fuego.
A 35 años de este acontecimiento, queremos recordar dichos estudios de quien hace poco más de un mes partió a la presencia del Señor, en Suecia.
El texto base de ambos estudios es Hechos 2:1-4.
En esta oportunidad ofrecemos el primero de ellos.

Sven O. Svensson

(Si quiere leer el otro estudio haga click aquí)

La Biblia nos habla mucho acerca del Espíritu Santo, de que él es una de las personas en la Trinidad Divina. No es sólo una influencia, un poder. El Espíritu Santo puede hablar, puede entristecerse; el Espíritu recuerda y enseña; puede guiar como también impedir. Es decir, el Espíritu es una persona. No somos solamente nosotros los que debemos poseer al Espíritu, sino que el Espíritu debe poseernos a nosotros. Debemos ponernos a disposición de él.

El Espíritu Santo no apareció por primera vez en el día del Pentecostés. Si leemos el Antiguo Testamento nos damos cuenta de que el Espíritu siempre ha obrado. Cuando Dios creó el cielo y la tierra, el Espíritu estaba allí. Dice que "el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas". Yo creo que era Dios que creó los cielos y la tierra. Sé que se enseña que han venido por un proceso de evolución, pero yo creo en la Palabra de Dios, y ella dice que el Espíritu Santo estaba en esa maravillosa creación.

Vemos también que cuando Jesús se hizo hombre, el Espíritu Santo estaba obrando. Mateo 1:18 dice que "...se halló que (María) había concebido del Espíritu Santo". Vemos luego cuando Jesús se preparó para el santo servicio que el Espíritu vino sobre él: "...vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él" (Mateo 3:16). Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, el Espíritu Santo estaba allí. Quiero recordarles de Romanos 8:11 que habla de "...el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús..." El Espíritu Santo también estaba presente cuando se había de escribir nuestra Biblia. La Biblia no fue compuesta por hombres, sino que el Espíritu ha vigilado sobre todos los detalles para que la Palabra de Dios llegara al hombre sin adulteración. Aquel que estaba en la creación, en el bautismo de Jesús, en su resurrección y en la escritura de la Biblia, esa persona -el Espíritu Santo- ha sido prometido estar presente hoy también.

Cuando leemos acerca del Espíritu Santo hallamos que hay muchas figuras, muchos símbolos de él. Se parece a una paloma, se compara con el agua, etc. Hay unas 25 figuras del Espíritu en las Escrituras. En Hechos capítulo 2 tenemos dos figuras del Espíritu Santo: como un viento recio que soplaba, y como fuego.

Ustedes saben que el viento es indispensable. No podemos sobrevivir sin el viento. Una leyenda cuenta de un hortelano que nunca estaba conforme. Siempre estaba quejándose del tiempo. Se le concedió, entonces, un año en que se cumplieran sus deseos en cuanto al clima. Deseó sol, lluvia y calor, pero cuando llegó el tiempo de la cosecha, no había fruto. Se había olvidado desear una cosa: el viento. ¡Se dan cuenta que sin el Espíritu Santo no tendremos fruto! No es suficiente con cantar y tocar. Me gozo de escuchar mucha música y cántico, pero no alcanza con esto solamente. Tenemos que tener algo más. No basta con tener un templo hermoso. No basta con organización, no basta con predicaciones, no basta con reuniones. Pero, ¿qué es lo que hace falta? Es más del Espíritu Santo. El viento tiene que soplar para que haya fruto. Tengo un profundo deseo que el viento del Espíritu sople en todo Chile para que haya mucho fruto para el reino de Dios.

San Juan 3:8 dice: "El viento sopla de donde quiere..." No podemos impedir el viento. Cuando el Espíritu de Dios llega, la persona no puede oponerse. Necesitamos mucho del viento del Espíritu en nuestros templos, para que cuando la gente llegue a una reunión, sienta luego que "el viento" está soplando. No ha pensado ser salvo, pero viene "el viento", y no se puede resistirlo. Nuestra oración debe ser que el Espíritu sea derramado para que las almas lleguen a tener ansias de la salvación. No les podemos salvar, predicándoles. Es necesaria la predicación, pero no es suficiente. El Espíritu Santo debe venir, para que los hombres sean conmovidos. En Hechos capítulo 6 encontramos el relato de Esteban. Él estaba lleno del Espíritu y de fe, y dice acerca de él que "no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba" (Hch. 6:10).

Hace algunos años vino un gran temporal, uno de los peores que he visto en nuestro país. En sólo media hora bosques enteros habían sido derribados por el viento. Los árboles se habían quebrado como palitos de fósforos. Yo pensé en el Espíritu Santo. Cuando Él viene, quebranta a las personas. Dice de Saulo de Tarso, que él "respiraba amenazas y muerte contra los discípulos del Señor". Le tenían miedo; estaban espantados de él. Pero nadie puede impedir la obra del Espíritu. Cuando Él vino, entonces "quebró a Saulo de Tarso". Cuando el Espíritu viene sobre los adversarios, estos son transformados en seguidores y siervos del Señor.

Es imposible encerrar el viento en una pieza de habitación. Nadie puede decir: "aquí adentro tengo el viento". Imaginémonos si algún país pudiera acapararse el viento, las consecuencias serían desastrosas. No, el viento sopla en todas partes, y el viento del Espíritu sopla sobre todo el mundo. No hay ninguna iglesia que pueda encerrar este viento, sino que sigue soplando en toda dirección. Sopla hacia aquellos que nunca antes lo han tenido. Hay algunos que piensan cómo el Espíritu Santo pueda caer sobre los católicos. Ellos no interpretan la Biblia en la misma manera que nosotros, no tienen el nuevo nacimiento, no tienen el bautismo en agua, y no tienen la visión de la iglesia, y pensamos, ¿cómo es posible que el Espíritu caiga sobre sistemas católicos? Pero, el Espíritu no cae sobre sistemas, ni católicos ni nuestros, sino viene sobre personas que están limpias por la sangre de Jesús. Si tenemos la puerta abierta para el Espíritu, entonces vendrá Él a nosotros.

Estoy invitado a una iglesia católica en Colombia, y me han dicho: "Háblanos del Espíritu Santo. Queremos oír cómo es ser bautizado en el Espíritu, cómo se llega a experimentar el hablar en nuevas lenguas, cómo es eso de profetizar. Tú que has sido bautizado en el Espíritu hace muchos años, cuéntanos cómo suceden estas cosas, y léenos la Biblia para que podamos ver cómo es". ¿Te parece que debo ir? ¿O crees que les voy a decir: "No, el viento del Espíritu lo tengo sólo para mí mismo"? No, deseo que el viento del Espíritu Santo sople para aquellos lugares también. Oremos para que el Espíritu entre en distintas iglesias y denominaciones, porque Jesús quiere dar sus bendiciones a todos en este tiempo.

El viento del Espíritu Santo puede abrir puertas cerradas. Cuando el pueblo de Israel llegó al Mar Rojo, el mar estaba delante de ellos y el enemigo tras ellos. ¿Has experimentado algo semejante? Seguramente te has preguntado: ¿qué voy a hacer ahora? Ahora sí que voy a perecer, ahora todo se me desmorona. ¿Qué hacemos en tal situación? ¡Clamamos al Señor! Lo hizo el pueblo de Israel, y Dios dejó venir un viento, y el viento preparó un camino, y el pueblo de Israel pasó a través del Mar Rojo en un camino seco. Era el viento que produjo esto. Mi querido amigo, tal vez tengas contrariedades, tal vez tengas "el enemigo tras de ti, y el Mar Rojo por delante", y tú piensas que estás perdido. Si el Señor viene con su viento, habrá un camino derecho a través de ese mar. Lo que parece imposible, el Señor lo hace en un momento.

Estoy convencido de que vamos a ver cosas mayores que jamás hemos visto, vamos a ver grandes maravillas, todo este país va a ser conmovido por un avivamiento, no porque hay predicadores buenos y templos hermosos, sino porque hay un viento del Espíritu Santo. Las almas clamarán por la salvación, van a estar en angustia por su pecado en sus hogares, en las calles, en las escuelas. El Señor está obrando. El viento del Espíritu abre puertas. Son momentos muy interesantes los que vamos a vivir. Hay mucho por delante justamente ahora. Jamás han habido avivamientos tales como los que hay ahora, ni siquiera en el primer tiempo de la iglesia cristiana. Si pudieras levantar tu vista y mirar un poco más allá del lugar donde estás y ver lo que sucede en otras partes del mundo, ver, por ejemplo lo que está sucediendo en Indonesia, donde grandes maravillas están aconteciendo, o lo que sucede en otros países en Latinoamérica, o en África, te darías cuenta de que el Espíritu Santo está obrando. Dios está haciendo grandes cosas en estos días.

Pero el mismo viento que abre también puede cerrar. Cuando esa gran tormenta, que les conté, vino, yo estaba a una hora de viaje de mi casa, pero me tomó cinco horas para volver, porque habían muchos estorbos en el camino. A veces llega el viento del Espíritu para abrir, pero otras veces cierra. En la historia de Hechos capítulo 16, el apóstol Pablo había planeado llegar a cierto lugar, pero el Espíritu se lo prohibió. Debemos estar muy abiertos para la dirección del Espíritu en estos días. Habrá lugares donde él nos prohíbe entrar, haciendo "caer un árbol sobre el camino". El Señor tiene otro plan. Él quiere algo especial con nosotros. Estemos atentos a la voz del Espíritu. Él te quiere guiar a las personas precisas, para que tú puedas hablarles del Señor.

En el día de Pentecostés vino el Espíritu Santo como un viento del cielo. No vino de ninguna iglesia, no vino de ningún pastor, sino del cielo. Debemos levantar nuestra vista hacia el cielo, pues es de allá que va; a venir el viento del Espíritu Santo.

Es notoria la diferencia que había en los discípulos del Señor antes del día de Pentecostés y después de aquel día. Todo fue transformado cuando llegó el Espíritu, ¡Aleluya! Antes del día de Pentecostés los discípulos no tenían fuerzas para orar. Estaban allí en el Getsemaní durmiendo, aunque Jesús les había dicho: "Velad y orad..." Pedro también se durmió. El que había prometido estar despierto, no tenía fuerzas para orar. Pero cuando llegó el día de Pentecostés, Pedro y los demás se hicieron hombres de oración, tenían días de oración y vigilias. ¡Hay una transformación cuando el viento del Espíritu llega! ¡Oh!, que toda la iglesia se transforme en un círculo de oración, que el espíritu de oración sea derramado! En los Hechos leemos que en todas partes había oración. ¿Qué era lo que había producido esto? ¿Era alguna orden de Jerusalén que decía que había que hacer una cadena de oración? No, mis amigos, sino que el viento del Espíritu llegó y produjo ese deseo de orar.

Antes del día de Pentecostés los discípulos estaban llenos de temor y temblor. Habían cerrado las puertas, y no se atrevían a salir a las calles. Pero después del día de Pentecostés salieron para hablar acerca de Jesús. ¡El Espíritu da valentía! Pedro que había negado a Jesús, diciendo que no le conocía, estaba allá proclamando: ¡Ustedes son los que han crucificado al Señor! El temor se había Ido, con "el viento". ¡Aleluya!

Antes del Pentecostés los discípulos discutían quién de ellos era el mayor. Aún hoy en día muchos cristianos discuten quién es el mayor, y quién es el mejor. Esta es una "enfermedad infantil". Los niñitos se pelean, pero hombres maduros, no. En otra oportunidad los discípulos discutían quién se sentaría al lado del Señor. Pero "quién es el mayor" y "quién tendrá el mejor lugar" fueron temas de discusión antes del Pentecostés. Después de aquel día todo cambió. No decían entonces: ¡yo soy el más grande!, sino ¡JESÚS ES EL MÁS GRANDE! Nosotros debemos empequeñecernos, nosotros debemos doblarnos en humildad. El que ha recibido el Espíritu Santo, solamente ensalza a Jesús. ¡Aleluya!

Estamos experimentando en nuestro tiempo cómo el diablo derrama de su espíritu, un espíritu que viene del abismo, y que trae odio y violencia, pecado y calamidad. Pero cuando Dios derrama de su Espíritu, entonces nos llena con amor, poder y pureza, y tenemos el deseo de vivir para Dios.

¿Estás deseando el Espíritu Santo? Quisiera que comprendas que el Espíritu Santo te está deseando a ti. Él espera tener su habitación en ti, para que cuando tú hables se oiga que estás lleno del Espíritu, cuando andes que seas guiado por el Espíritu, cuando ores que ores en el Espíritu, que todo lo que suceda en tu vida, sea el resultado de la presencia del Espíritu en ti.