Asamblea de Dios Autónoma de Santiago

DIOS IMPIDIÓ QUE INCENDIO FORESTAL QUEMARA INSTALACIONES DE PARCELA EN PICHIDEGUA

Por H.C.T.
Fotografías del incendio: Claudia Naranjo

Muchas veces usamos la palabra "milagro" con mucha liviandad, sin tomarle el peso de lo que significa.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua dice en su primera acepción: "Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino".
Esto fue lo que relató a la congregación el pasado domingo 26 de noviembre el presbítero Francisco Naranjo:

- ¿Usted cree en los milagros, hermano?, ¿lo cree de verdad?, ¿ha visto milagros, últimamente?
Yo le quiero contar de un milagro que acabamos de ver hace menos de 24 horas.
Ayer, un grupo de hermanos estuvimos en Pichidegua, ya que teníamos un paseo con los hermanos de La Victoria y algunos otros hermanos que nos acompañaron y como normalmente en estos paseos, estábamos todos contentos.
Cerca del mediodía, nos avisaron o supimos algo. Ustedes conocen la llegada a Pichidegua, ese camino que va por la orilla del cerro y después entra al pasaje que nosotros tenemos. Por la orilla de ese camino se había iniciado un incendio, en el cerro. Nosotros fuimos a comprar al pueblo y cuando volvíamos pasamos de largo para ver qué era.

El fuego estaba subiendo por el cerro con mucha fuerza, las personas del lugar estaban todas afuera, en la calle, porque hay muchas casas en ese sector y obviamente, el riesgo de incendio para ellos era muy grande, inminente.
Los bomberos, como desgraciadamente es un lugar pequeño, eran como cinco o seis que estaban mirando desde abajo, porque no podían hacer absolutamente nada más, y el fuego seguía subiendo.

Nos volvimos a la parcela, pensando que si esto continuaba hacia arriba, el fuego iba a subir por el cerro e iba a pasar al otro lado, y al otro lado estamos nosotros, nuestra parcela.
Hablé con el hermano Osvaldo Valenzuela y le dije que no les contáramos a los hermanos todavía, porque los íbamos a alertar y se iban a asustar, probablemente.

Como a las tres de la tarde, cuando estábamos almorzando, apareció el fuego en la punta del cerro, y ustedes saben que los incendios forestales son algo terrible.
Años atrás, los cerros del fondo de Pichidegua estuvieron más de una semana y media incendiándose y no hubo manera de poder parar ese fuego. Y ahora lo teníamos arriba, encima del cerro.

Comenzó a avanzar la hora. A medida de que transcurría el almuerzo y a medida que avanzaban las llamas los hermanos se comenzaron a inquietar.
Ya luego no había almuerzo, porque todos estábamos preocupados, empezando a mirar para ver qué pasaba, porque el fuego seguía avanzando y hacía bastante calor. No había una nube que pudiéramos pensar en algo…el fuego avanzaba, avanzaba y ustedes deben imaginarse lo que significa sentir el crepitar del fuego cuando estaba quemando los palos, las hojas y esas llamaradas que surgían cuando algún árbol tomaba fuego, es como un fósforo que se enciende. Y el fuego avanzaba, avanzaba,…y la angustia que teníamos en ese momento era grande.

No hubo alguien que dijera vamos a orar, sino que cada uno, interiormente, estaba clamando al Señor para que el Señor hiciera algo. Habíamos como ocho o nueve hermanos, subimos con unas palas, pensando en que podíamos hacer algo y cuando estábamos en la mitad del cerro no dimos cuenta que no había nada que hacer y el fuego seguía avanzando.
Los bomberos llegaron y dijeron aquí tampoco podemos hacer nada. Entre paréntesis, eran cinco o seis bomberos, de cuales tres o cuatro eran de 16 años, sin equipos, sin prácticamente nada. Lo que se podía hacer era muy poco…Y el fuego seguía avanzando…

Dijimos que lo único que podíamos hacer, como se nos venía acercando, era tratar de salvar la manguera, esa que tenemos cuando baja el agua de la vertiente, porque eran como 300 metros. La logramos cortar, aunque se perdieron como 80 metros que se quemaron y el fuego seguía avanzando…

En mi interior decía: Señor no te puedo pedir que se ponga a llover en este minuto, porque está el sol radiante, no hay nada, pero Tú tienes que hacer algo, Señor, y todos los hermanos también clamábamos, porque estábamos indefensos mirando cómo avanzaba el fuego y no teníamos nada que hacer. Luego vimos a algunas personas de CONAF que estaban haciendo algunos trabajos, que trataban de ayudar, pero la indefensión era total. Clamábamos al Señor, porque decíamos, Señor esto está consagrado a tu servicio, esto lo hacemos y lo tenemos acá para poder bendecir tu nombre con los hermanos, con los niños, con los jóvenes.
Hemos tenido tantas bendiciones tuyas, Señor, necesitamos que Tú hagas un milagro, porque ante el avance del fuego de un incendio forestal, como decía, no hay nada que hacer, no había aviones, de estos que tiran agua, no había absolutamente nada, los bomberos nos decían que cuando llegara el fuego a 100 metros, lo único que podíamos hacer era mojar para que no siguiera avanzando el fuego y ojalá que no alcanzara a tomar las dependencias que tenemos.

Los de CONAF nos dijeron que a 200 metros de un incendio forestal, la casa blanca se quemaba entera, aunque no saltara ni una sola chispa del fuego, sólo por el calor que irradia un incendio como ese.
Ante eso hermanos, estábamos totalmente en las manos del Señor, y como decía, avanzaban las horas y avanzaba el fuego, pero gracias al Señor, hermanos, alrededor de las seis de la tarde el fuego llegó hasta aproximadamente 200 metros del comedor. Ustedes se imaginan lo que era haber estado allá. El fuego llegó casi a la cerca que tenemos, esa que es divisoria.
Gracias al Señor, el fuego se detuvo… (queda en silencio y la emoción lo embarga).
No sabemos cómo, pero el Señor lo hizo… Después que vimos que se estaba apagando y que todo estaba totalmente extinguido, nos vinimos cerca de las 10 de la noche y se notaban algunos pequeños focos de fuego, pero los funcionarios de CONAF nos dijeron que no nos preocupáramos, porque donde ya estaba quemado había tizones y ya no había más riesgo de que volviera a quemarse.

Antes de eso, cuando terminamos las actividades con los hermanos de La Victoria dimos gracias al Señor. No podía quedar otra cosa que dar gracias al Señor por ese milagro que había sucedido.
Cuando salimos al camino, de nuevo, para volver al puente Codao, y retornar a Santiago, por el costado, hermanos, pudimos ver lo dantesco que era el incendio que había al otro lado del cerro. El incendio no se había terminado en esa parte.
Toda la gente estaba agolpada, mirando el riesgo que había de que sus casas pudieran ser incendiadas. Las llamas se habían extendido a lo largo de una gran cantidad de terreno, o sea, el fuego estaba al otro lado y uno dice: Señor, qué es esto, sino un milagro tuyo. ¡Aleluya! (se vuelve a emocionar).

¿Podemos confiar en nuestro Dios, podemos confiar que Dios hace milagros hoy día?
Él está con nosotros y no nos deja ni nos abandona.
Hermanos, yo creo que los que estuvimos ahí podemos dar gracias a Dios que tenemos un Dios grande, un Dios del cual nos habla la Biblia y que es una realidad hoy día, no es algo que haya pasado, sino hoy día el Señor está con nosotros.
También nos dimos cuenta que necesitamos unos trabajos de prevención. Vamos a tratar de ayudarnos con la gente de CONAF y vamos a necesitar a muchos hermanos para que nos ayuden a trabajar allí y vamos a tener que conseguir herramientas y queremos, justamente, hermanos, que con estas muestras de amor de nuestro Dios podamos reaccionar, podamos ver que si Dios está con nosotros, también nosotros tenemos que estar con Él.